Del dibujo a la figura

Al principio no hay plástico, sino una ventana en la pantalla. En octubre de 2020 en esa ventana había un panel de pared amarillo, girado en el espacio, con seis huecos rectangulares. Al lado, la vista que me muestra el laminador: el mismo panel descompuesto en capas, rojo, naranja, verde, junto con los soportes que después se rompen y se tiran. Hasta ahí todo sigue siendo gratis. Puedes mover, reflejar o descartar sin gastar ni un gramo de material.
La impresora tiene su propio ritmo
En cuanto empieza la impresión, todo se vuelve lento. Un panel grande se construye capa a capa durante horas y no hay nada que hacer salvo mirar. Aun así me gusta mirar: el cabezal recorre sus trayectorias y, a media altura, ya se ve si la pieza va a aguantar o si una esquina se está levantando de la base.
En noviembre había dos columnas amarillas sobre la placa negra, una terminada y la otra de apenas dos centímetros. Las piezas redondas son delicadas: las capas están desplazadas en cantidades mínimas y, si la primera no queda bien pegada, el conjunto acaba cayendo por la mitad. Un fallo así se descubre casi siempre al volver una hora después y encontrar una maraña de filamento.
Por eso, lo que realmente cuesta tiempo en la impresión 3D no es imprimir. Son los intentos. Temperatura, adherencia, grosor de pared, soportes en el sitio adecuado. Cada prueba dura horas y conviene cambiar una sola cosa cada vez; si no, al final no sabes qué fue lo que funcionó.
La figura
En marzo de 2021 la figura ya estaba en pie. Blanca, algo translúcida, bastante más grande que el original, con gorra, chaqueta y esas manos inconfundibles, sobre una peana redonda y con una tapa de caja como fondo. Así, sola, parece más bien un modelo de escayola.
Solo se vuelve interesante con luz en su interior. El material translúcido reparte el brillo de forma suave por todo el cuerpo y, como las paredes no tienen el mismo grosor, no todo se ilumina igual: los brazos más claros, el torso más denso, los ojos como dos puntos nítidos. En rojo parece una luz de aviso, en azul resulta fría y tranquila, en amarillo casi una lamparita de estantería. Cuatro imágenes, una figura, cuatro ambientes completamente distintos.
Que entre el primer dibujo y aquella tarde pasaran cinco meses dice casi todo sobre esta afición. Entremedias se imprimieron otras cosas, se dejaron de lado y se retomaron.
Los archivos están en esta página, en la sección de impresión 3D, listos para descargar. Si los pruebas, cuenta los dos primeros intentos como práctica.



