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Cómo una toma en bruto se convierte en imagen

Cómo una toma en bruto se convierte en imagen – Tren de jardín 2022/23
Tren de jardín 2022/23

De una tarde junto al tren de jardín rara vez vuelven diez tomas. Vuelven más bien cien, y quince de ellas muestran casi lo mismo: el mismo tren delante de la misma casa de entramado, solo que una vez me tembló la mano o una nube siguió su camino. Al álbum llega exactamente una.

Antes las revisaba en pantalla, adelante y atrás, hasta que los ojos ya no distinguían cuál estaba más definida. Ahora dejo que se preseleccionen y solo miro las finalistas. Eso sí, hasta que funcionó de forma aprovechable pasaron unas cuantas tardes.

La trampa de medir la nitidez

La nitidez se puede calcular: un programa busca bordes duros, y muchos bordes duros significan imagen nítida. El problema es que así se mide con facilidad lo que no toca. Una toma hecha a la sombra del seto tiene bordes débiles porque en conjunto es oscura, no porque esté desenfocada. Puede estar perfectamente definida y aun así quedar la última.

La solución no tiene nada de espectacular: antes de medir se estira el rango de luminosidad, es decir, las tomas oscuras se llevan primero a un recorrido normal. A partir de ahí se comparan cosas comparables, y de pronto el orden tiene sentido. La toma cenital, con la locomotora todavía dentro de su caja de poliestireno y las ramas metiéndose en el encuadre, se me habría escapado de otro modo.

El contraste no se gira sobre un valor fijo

El segundo punto me costó más imágenes. Subir el contraste significa aclarar lo claro y oscurecer lo oscuro. La única pregunta es dónde está el centro sobre el que se gira. Si se toma un valor fijo para todas las imágenes, con luz de mediodía va bien y con luz de atardecer se tuerce. En una toma del anochecer, un ocho por ciento de superficie negra se me convirtió en un quince: media ladera bajo la vía había desaparecido sin más.

Ahora se gira sobre la luminosidad media de cada imagen. Una toma de tarde tiene su propio centro, una de verano el suyo. Suena a menudencia, pero es la diferencia entre “algo más contundente” y “sombras ahogadas”.

Al final, un poco de color

Lo que viene después es poco. Los colores se refuerzan ligeramente, para que el rojo de los vagones y el verde del seto vuelvan a verse como se veían aquella tarde. Y un enfoque comedido, lo justo para que las tejas recuperen textura. Nada más: las figuras sobreenfocadas ganan al instante un halo blanco y parecen recortadas.

No es perfecto. Si ves una imagen con las sombras volcadas o con colores demasiado cargados, escríbeme: los cálculos se pueden repetir en cualquier momento.

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